Cómo superar miedos infantiles.

12/9/2019

El miedo a la separacion, a la oscuridad, a la escuela y a los extraños, entre otros, aparecerán y desaparecerán según las edades y el momento evolutivo de cada uno. La dificultad para los adultos en estos casos, es la de saber ayudar al niño a gestionar ese miedo y actuar de forma adecuada para favorecer que desaparezca de forma natural.

En ocasiones ante los miedos de nuestros hijos no sabemos cómo reaccionar
¿qué le digo?, ¿hablamos de ello?, ¿le castigamos?, ¿le acompañamos a la cama?

¿Cómo podemos ayudar a superar los miedos?

Trasmitir al niño que tener miedo es normal

No hay que negar el miedo, es importante que el niño lo vea como algo natural que les pasa a todos. Poner palabras al miedo le ayudará a entenderlo: el perro del vecino te asusta, no? A muchos niños les dan miedo los perros, si quieres hoy le vemos desde aquí y ya nos iremos acercando a el otro día.

Crear frases que pueden decirse en determinados momentos

“Soy valiente”, “no me va a pasar nada”, “soy fuerte” son mensajes que el niño puede repetirse cuando se va a enfrentar a las situaciones y que contrarrestan los mensajes que el miedo les da como “lo voy a pasar mal”, “me van a hacer daño”. Las frases negativas lo único que hacen es aumentar el miedo, mientras que las positivas les dan fuerzas para abordarlos y les aporta una imagen de sí mismos más adecuada.

Apoyarse en otras emociones como el humor, la risa, la alegría e incluso en enfado

No sirve de nada convencerlos de que no tienen miedo porque es algo irracional, es más efectivo darle otras herramientas. Inventarse chistes sobre la oscuridad, hacer dibujos de ladrones patosos y con narices de payaso o enfadarse con una habitación oscura y hacerle burla pueden hacer que los niños vean esas situaciones con otros ojos.

No ridiculizarlo

Llamarle cobarde, hacerle bromas o castigarle no hará que se enfrente a sus miedos de forma adecuada. Cuando el niño está sintiendo miedo, lo último que necesita es que se le haga ver que no tiene la valentía suficiente o que está haciendo algo mal. Le servirá de más ayuda que le apoyemos y le hagamos ver que él puede enfrentarse al miedo y que estaremos ahí para acompañarlos.

Centrar la atención en otra cosa

Usar de objetos de seguridad

Cómo se sienten los padres ante los miedos de sus hijos

En ocasiones, como padres nos afecta ver como tienen miedo porque les vemos sufrir o porque nos recuerda a antiguos miedos que tuvimos. Si es así, entonces es probable que le demos mucha importancia o que intentemos evitarle el mal trago sea como sea. Eso hará que el niño lo viva con más intensidad y que aumente su miedo.

Cómo actuamos cuando nosotros mismos tenemos miedo

Si ante nuestros miedos reaccionamos de forma exagerada o evitando las situaciones, el niño aprenderá que esas situaciones son peligrosas y que la forma de salir de ellas es evitándolas y no enfrentándose. Si analizas cuáles son tus miedos, es probable que encuentres alguno reflejado en tu hijo (miedo a las arañas, ascensores…)

Uso del miedo en el estilo educativo

En ocasiones es frecuente oír “Si no te comes la comida vas al cuarto oscuro”, “si no te duermes vendrá el hombre del saco” Estas acciones pueden tener efectos a muy corto plazo pero a largo plazo sus consecuencias serán negativas, aprenderá a obedecer por miedo y no porque se hayan aprendido las normas y se entienda el porqué de ellas.

Miedos infantiles según las edades:

0-2 años: Pérdida brusca de la base de sustentación, ruidos fuertes, separación de los padres, animales, extraños, heridas, y oscuridad.

3-5 años: separación de los padres, animales, oscuridad, daño físico y personas disfrazadas.

6-8 años: separación de los padres, animales, oscuridad, daño físico, seres imaginarios (brujas, fantasmas, monstruos…), tormentas, soledad, muerte y escuela.

13-18 años: escuela, aspecto físico, relaciones sociales y muerte.

En la mayoría de los casos, los miedos van desapareciendo con el tiempo, pero si los miedos son excesivos o no se llevan de manera adecuada, puede hacer que aumenten y que vayan incapacitando al niño en algún área de su vida. En estos casos, es necesario consultar con un profesional para enseñar al niño cómo enfrentarse a ellos y a los padres cómo manejar la situación.